El 27 de octubre de 2026, el ejército jordano llevó a cabo un bombardeo en la zona de Idlib, Siria, alegando haber alcanzado “escondites terroristas”. Según el comunicado oficial, el objetivo era neutralizar a militantes vinculados al Estado Islámico. Sin embargo, varias familias de los civiles muertos en el ataque han declarado que sus seres queridos no tenían relación alguna con el atentado a la iglesia católica ocurrido días antes en la misma región.
Los familiares, entrevistados por Al Jazeera, sostienen que los fallecidos eran agricultores y comerciantes locales, y que la acusación de vínculo con el ataque a la iglesia es una maniobra para justificar la operación militar jordana. La comunidad internacional ha pedido una investigación independiente para esclarecer los hechos y evitar una escalada de tensiones.
El gobierno de Jordania, por su parte, ha defendido la legitimidad de la acción, señalando que la seguridad nacional y la lucha contra el terrorismo son prioridades en la región. La operación se produce en medio de una creciente inestabilidad en el noroeste sirio, donde varios grupos armados compiten por el control del territorio.
La controversia podría repercutir en la ya frágil relación entre Jordania y los actores locales sirios, y afectar los esfuerzos de mediación liderados por la ONU para estabilizar la zona. La falta de claridad sobre los objetivos del ataque y la ausencia de pruebas concluyentes mantienen la situación en un estado de incertidumbre diplomática.

