El lunes 28 de septiembre de 2026, la policía francesa detuvo a 164 estudiantes en varias ciudades después de que las manifestaciones contra el hacinamiento de aulas y la escasez de recursos se tornaran violentas. Las fuerzas del orden emplearon gases lacrimógenos y contenciones físicas para dispersar a los manifestantes, que exigían una reforma del sistema educativo.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, condenó en rueda de prensa los incidentes, calificándolos de "intolerables" y advirtiendo que cualquier escalada será tratada con la máxima severidad. Lecornu también acusó a los líderes de la izquierda de incitar a la violencia para desestabilizar al gobierno de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
En respuesta, el líder de la coalición de izquierda, Jean‑Luc Mélenchon, acusó al Ejecutivo de criminalizar la protesta legítima y de desviar la atención de los problemas estructurales del sistema educativo. Mélenchon prometió que su movimiento seguirá presionando para que el Parlamento apruebe una ley que limite el número de alumnos por aula y aumente la inversión en infraestructura escolar.
Los sindicatos de docentes y los padres de familia se sumaron a las protestas, organizando concentraciones en París y otras capitales regionales. La tensión social se ha traducido en un debate nacional sobre la prioridad del gasto público y la posible reconfiguración del panorama político antes del voto de 2027.

