En la apertura de la 81ª Asamblea General de la ONU, el secretario‑general António Guterres dio la bienvenida a los 193 Estados miembros y subrayó la necesidad de abordar simultáneamente la guerra en Ucrania y la crisis en Oriente Medio. Poco después, el presidente Donald Trump tomó la palabra, anunciando que Estados Unidos está dispuesto a imponer sanciones al Tribunal Penal Internacional y que la guerra contra Irán es "una medida de protección de los intereses estadounidenses". La delegación iraní, por su parte, presentó una narrativa de resiliencia, insistiendo en que el país está preparado para cualquier eventualidad y que busca la diplomacia como vía de salida. Los analistas advierten que la retórica de Trump podría complicar los esfuerzos de mediación liderados por la ONU y que la postura firme de Irán podría traducirse en una mayor inestabilidad regional. Mientras tanto, la comunidad internacional observa con cautela los próximos movimientos de Washington, que podrían incluir una presión militar adicional o nuevas sanciones económicas, afectando los precios del petróleo y la seguridad del estrecho de Ormuz.

