El 29 de septiembre de 2026, el gobierno de Bagdad anunció la retirada completa de las tropas estadounidenses que habían permanecido en el país durante más de veinte años. La operación, conocida como Inherent Resolve, culminó con la salida de aproximadamente 2.500 soldados y la clausura de bases militares en todo el territorio iraquí.
Esta decisión marca el inicio de una nueva era de soberanía para Irak, que ahora asume la responsabilidad plena de su defensa nacional. El Ministerio de Defensa iraquí ha declarado su intención de fortalecer las fuerzas armadas mediante la adquisición de equipos de origen ruso y chino, así como la capacitación de personal local.
Sin embargo, la retirada también genera incertidumbre. Expertos advierten que la ausencia de una presencia militar occidental podría crear un vacío que grupos extremistas, como el Estado Islámico, intenten llenar. Además, la influencia de Irán en la política iraquí podría intensificarse, complicando las relaciones de Bagdad con Washington y la Unión Europea.
En el plano internacional, la salida de EE.UU. se interpreta como un giro estratégico en la política exterior estadounidense, que busca reducir compromisos militares de largo plazo. Para Irak, el reto será equilibrar la cooperación con aliados tradicionales y la presión de potencias regionales, mientras garantiza la estabilidad interna y la protección de su población.


