El 27 de octubre de 2026, Israel abrió sus centros de votación en una contienda que se considera el primer referéndum sobre la política de seguridad del primer ministro Benjamin Netanyahu desde el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023. Más de 4,5 millones de ciudadanos acudieron a las urnas, representando una participación del 71 % del electorado habilitado.
Los principales partidos que compiten son Likud, encabezado por Netanyahu, el bloque centrista Yesh Atid liderado por Yair Lapid, y el partido de izquierda Meretz, que aboga por una solución de dos Estados. Las encuestas previas al voto mostraban a Likud con un 30 % de intención de voto, seguido por Yesh Atid con 25 % y Meretz con 12 %. Los resultados preliminares indican una ligera ventaja para Netanyahu, aunque la formación de coaliciones será decisiva para la estabilidad del gobierno.
Paralelamente, la jornada electoral se desarrolló bajo una fuerte tensión en los territorios ocupados. Las fuerzas de seguridad israelíes sellaron varios puntos de control en Cisjordania, especialmente en Hebrón, y restringieron el acceso a áreas del West Bank, bajo el argumento de garantizar la seguridad durante la votación. La organización Al Jazeera informó que la población palestina del West Bank vivió una “situación de asedio”, con cierres de carreteras y redadas que limitaron la movilidad de los residentes.
La comunidad internacional ha seguido de cerca el proceso, advirtiendo que el resultado de la elección podría influir en la política de asentamientos y en las negociaciones de paz. La Unión Europea y Estados Unidos han reiterado la necesidad de respetar los derechos humanos en los territorios ocupados y han llamado a evitar cualquier escalada de violencia durante y después del escrutinio.
En el contexto interno, la campaña estuvo marcada por debates sobre la seguridad, la economía y la relación con la diáspora judía. Los partidos de derecha enfatizaron la necesidad de una postura firme contra Hamas, mientras que la izquierda y los centristas abogaron por una solución diplomática al conflicto con los palestinos. El futuro del gobierno dependerá de la capacidad de los partidos para articular una coalición que equilibre estas demandas contrapuestas.



