En el marco de la próxima jornada electoral, las Fuerzas de Defensa de Israel anunciaron el cierre de varios cruces de la Cisjordania el día de la votación, limitando la movilidad de cientos de trabajadores palestinos que cruzan diariamente hacia territorio israelí. La medida, justificada como “seguridad electoral”, ha sido criticada por organizaciones de derechos humanos que la califican de medida punitiva.
Paralelamente, la campaña electoral se ha convertido en un campo de batalla digital. Investigaciones de expertos en ciberseguridad revelaron la proliferación de cuentas automatizadas y deepfakes que difunden información falsa a favor y en contra del primer ministro Benjamin Netanyahu y sus rivales. Estas operaciones buscan influir en la opinión pública tanto dentro de Israel como en la diáspora.
En la víspera de la votación, miles de ciudadanos israelíes se congregaron en Tel Aviv y Jerusalén en una manifestación masiva contra Netanyahu, exigiendo su renuncia y denunciando la corrupción percibida. Los organizadores estiman la participación en alrededor de 15 000 personas, mientras la policía desplegó unidades de control de multitudes para evitar enfrentamientos.
Estas tres dinámicas –restricción de cruces, guerra informativa y protestas en la calle– reflejan la profunda polarización que atraviesa la sociedad israelí y plantean desafíos para la legitimidad del proceso electoral, la estabilidad interna y las relaciones con la Autoridad Palestina y la comunidad internacional.




