El gobierno israelí ha decidido renovar la prohibición que impide al imán de la mezquita de Al‑Aqsa ejercer sus funciones habituales en la explanada sagrada de Jerusalén. La decisión, anunciada el 29 de octubre de 2026, se produce en medio de una creciente presión para controlar la actividad religiosa en el sitio, considerado sagrado tanto por musulmanes como por judíos.
Autoridades del Waqf islámico, responsable de la gestión de la mezquita, denunciaron que la medida reduce drásticamente su autoridad y limita la capacidad de los fieles para asistir a los rezos. En respuesta, se han convocado manifestaciones en los barrios palestinos de Jerusalén, con la policía israelí desplegando unidades de control para evitar enfrentamientos.
La comunidad internacional ha expresado su preocupación, recordando que cualquier restricción al acceso a lugares sagrados puede avivar el conflicto subyacente. Varios países europeos y la ONU han instado a Israel a mantener la libertad de culto y a buscar soluciones negociadas.
Mientras tanto, la situación en la explanada de Al‑Aqsa sigue siendo volátil, con la posibilidad de que la prohibición desencadene una nueva ola de protestas y enfrentamientos que podrían extenderse a otras áreas de Jerusalén y la Cisjordania ocupada.
