El martes la Casa Blanca aceptó la renuncia de Kimberly Guilfoyle, embajadora de Estados Unidos en Grecia, tras una serie de denuncias de corrupción que involucrarían la oferta de acceso a funcionarios del gobierno estadounidense a cambio de favores políticos. La decisión fue anunciada por el Departamento de Estado, que citó “la necesidad de mantener la integridad de la representación diplomática”.
Fuentes del gobierno griego confirmaron que la dimisión había sido solicitada por autoridades locales, que alegan que la embajadora habría intentado influir en decisiones de contratación pública a través de contactos con miembros del partido gobernante. El primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, declaró que Grecia “exigirá una investigación completa” y que la relación bilateral no debe verse empañada por actos de corrupción.
En Washington, el portavoz del presidente Donald Trump defendió la decisión como una “medida responsable” y señaló que la administración está revisando los procesos de nombramiento de embajadores políticos. Analistas de política exterior advierten que la salida de Guilfoyle podría debilitar la influencia de EE. UU. en la región, particularmente en el contexto de la creciente presencia china en el Mediterráneo.
A nivel internacional, la renuncia se produce en medio de una serie de tensiones entre EE. UU. y sus aliados europeos sobre la política de nombramientos diplomáticos y la percepción de que la administración Trump sigue favoreciendo a allegados personales sobre la meritocracia. La ONU ha llamado a la transparencia en los nombramientos diplomáticos para preservar la confianza en la diplomacia multilateral.


