El 4 de octubre de 2026, el grupo insurgente hutí informó que sus fuerzas lanzaron un ataque de precisión contra una instalación de la compañía petrolera estatal saudí Aramco, situada en las afueras de la capital, Riad. Según el comunicado hutí, el ataque se realizó con misiles balísticos y drones de largo alcance, y se observaron columnas de humo y fuego en el sitio.
Las autoridades saudíes, sin confirmar la autoría, declararon que investigan el incidente y que la instalación no sufrió daños estructurales graves ni víctimas. Sin embargo, el simple hecho de que un objetivo tan estratégico haya sido señalado como vulnerado evidencia la capacidad operativa de los hutíes para proyectar fuerza más allá de la frontera yacente.
Este episodio se inserta en una fase de intensificación de los combates entre la coalición liderada por Arabia Saudita y los rebeldes hutíes, que controlan gran parte del norte de Yemen. En los últimos meses, la coalición ha intensificado los bombardeos sobre la capital yemení, Saná, mientras los hutíes han respondido con ataques aéreos y marítimos contra infraestructuras saudíes.
El impacto potencial de este ataque se extiende más allá del conflicto local. Arabia Saudita es uno de los mayores exportadores de petróleo del mundo; cualquier amenaza a sus instalaciones energéticas genera incertidumbre en los mercados internacionales y podría elevar los precios del crudo. Además, el episodio podría motivar a la comunidad internacional a presionar por una solución negociada al conflicto yemení.


