El presidente Luiz Inácio Lula da Silva realizó un último gran mitín en el estadio Maracaná, frente a aproximadamente setenta mil personas, mientras reiteraba su compromiso con la justicia social y la defensa de la democracia. En paralelo, el excandidato Jair Bolsonaro congregó a cerca de cincuenta mil simpatizantes en la zona de Copacabana, donde pronunció un discurso enérgico contra lo que describió como "el avance del fascismo".
Ambos eventos se dieron en el contexto de una contienda electoral histórica: Lula busca un cuarto mandato, mientras que Bolsonaro aspira a regresar al poder tras su derrota en 2022. La campaña ha estado marcada por acusaciones de corrupción, debates sobre la economía y una creciente tensión entre los sectores progresistas y conservadores del país.
Los analistas señalan que la capacidad de movilizar a grandes multitudes en la capital es un indicador de la fuerza organizativa de cada candidato y podría traducirse en votos decisivos en los estados clave. Además, la cobertura internacional ha puesto de relieve cómo la elección brasileña puede afectar la política regional, especialmente en temas de medio ambiente y relaciones comerciales con la Unión Europea y Estados Unidos.
Con la jornada electoral programada para el domingo 6 de octubre, los últimos días de campaña serán críticos para consolidar alianzas y persuadir a los votantes indecisos. La comunidad internacional observará de cerca los resultados, que podrían redefinir la dirección política de la mayor economía de América Latina.


