En su alocución final ante la Asamblea General, el presidente Emmanuel Macron denunció lo que describió como "el abuso de poder por parte de los imperios" que, a su juicio, socavan los principios de la Carta de las Naciones Unidas. El mandatario subrayó la necesidad de un orden multilateral basado en la igualdad soberana de los Estados y la defensa de los derechos humanos, señalando que la comunidad internacional debe "mantenerse firme" ante cualquier intento de dominación unilateral.
Macron también abordó la crisis climática, instando a los países a cumplir con los compromisos del Acuerdo de París y a acelerar la transición energética. En este punto, el presidente francés vinculó la lucha contra el cambio climático con la resistencia a la hegemonía, argumentando que la dependencia de combustibles fósiles perpetúa la desigualdad geopolítica.
El discurso fue recibido con aplausos de varios delegados, entre ellos el primer ministro de Canadá y el presidente de Sudáfrica, mientras que representantes de algunos gobiernos autoritarios mantuvieron una postura más cautelosa. Analistas internacionales señalan que la retórica de Macron podría traducirse en una mayor presión sobre reformas estructurales del Consejo de Seguridad, particularmente en lo que respecta a la representación de África y América Latina.
En el contexto de la creciente tensión entre Estados Unidos y China, la intervención de Francia busca posicionarse como un actor mediador que promueve la cooperación y el respeto al derecho internacional. El mensaje de Macron podría influir en la agenda de la próxima Cumbre del G20, donde se espera que se discutan tanto la seguridad global como la gobernanza del espacio cibernético.



