En la madrugada del martes 29 de septiembre de 2026, más de un centenar de colonos israelíes se desplazaron hacia una aldea del norte de Cisjordania, donde se produjo un violento enfrentamiento con las fuerzas de defensa israelíes. Los colonos, armados con palos y armas improvisadas, intentaron impedir que los soldados regresaran a la familia palestina que había sido desalojada previamente.
El incidente se dio en el marco de una orden del Tribunal Supremo israelí que exigía a las autoridades militares garantizar el retorno de la familia a su vivienda, tras que ésta huyera a causa de violencia previa. Los colonos, en señal de protesta contra la medida judicial, bloquearon la carretera y lanzaron proyectiles, obligando a los soldados a responder con disparos de advertencia.
El ataque provocó varios heridos entre los colonos y los soldados, y generó una nueva ola de condenas internacionales. Organizaciones de derechos humanos denunciaron la falta de protección a la población civil y la impunidad con que operan los colonos extremistas. El gobierno israelí anunció una investigación interna, aunque la comunidad internacional sigue escéptica respecto a su efectividad.
Este episodio vuelve a poner en relieve la complejidad del conflicto israelí‑palestino, donde la acción de grupos de colonos puede desestabilizar procesos de negociación y agravar la percepción de ocupación. La escalada de violencia podría dificultar cualquier intento de reactivar conversaciones de paz en el futuro cercano.



