Según el último informe de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU, el número de desplazados internos en Yemen ha superado los 200.000 en las últimas semanas, impulsado por intensos combates entre las fuerzas houthi y los grupos respaldados por Arabia Saudita en el norte del país. La violencia ha obligado a miles de familias a abandonar sus hogares en busca de refugio en campamentos improvisados.
El flujo de refugiados ha cruzado la frontera sur hacia Djibouti, donde aproximadamente 3.700 personas han llegado en los últimos diez días. Las autoridades djiboutianas, con apoyo de la ONU, están gestionando la llegada de los desplazados, pero la infraestructura limitada dificulta la provisión de asistencia básica como agua, alimentos y atención médica.
La ONU alerta que tres de cada cuatro familias en las áreas más afectadas carecen de acceso a servicios esenciales y están en riesgo de hambruna. Organizaciones no gubernamentales han pedido un alto el fuego inmediato y la apertura de corredores humanitarios para permitir la entrega de ayuda sin interrupciones.
El conflicto, que se extiende desde 2014, sigue siendo un punto de tensión geopolítica en la península arábiga, involucrando a potencias regionales y a actores internacionales que temen una mayor inestabilidad que podría afectar el suministro global de energía.


