En la 81ª Asamblea General de la ONU, celebrada del 22 al 28 de septiembre de 2026 en Nueva York, más de 50 jefes de Estado y de Gobierno decidieron no asistir. Entre los ausentes se encuentran figuras clave como el presidente de China, Xi Jinping; el presidente de Rusia, Vladimir Putin; y la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni.
El secretario general António Guterres, en su discurso de apertura, subrayó que "las grietas del mundo se han convertido en abismos" y advirtió sobre el uso de la inteligencia artificial en los conflictos armados, calificándola de "potencial amenaza existencial" si no se regula a nivel internacional.
Las razones de la ausencia varían: algunos líderes citan compromisos internos, mientras que otros, como el presidente de Irán, Ebrahim Raisi, señalaron desacuerdos con la agenda de la ONU y la presencia de sanciones occidentales como motivos de su no participación.
La falta de asistencia masiva ha generado críticas de la comunidad internacional, que teme que la ONU pierda legitimidad y capacidad de mediación en conflictos críticos como la guerra en Ucrania y la crisis humanitaria en Yemen. Analistas advierten que la polarización creciente podría debilitar los esfuerzos de cooperación global en áreas como cambio climático y salud pública.
A pesar de la ausencia de tantos mandatarios, la Asamblea continuó con la agenda prevista, incluyendo debates sobre la seguridad alimentaria, la reforma del Consejo de Seguridad y la adopción de un marco regulatorio para la IA en contextos militares.



