En la última semana, cientos de estudiantes y profesores de distintas regiones de Francia han erigido barricadas frente a colegios y universidades, exigiendo la revocación de la reforma educativa anunciada por el gobierno. Las manifestaciones, que comenzaron en París y se extendieron a Lyon, Marsella y Lille, han sido acompañadas de bloqueos de vías y ocupaciones de edificios escolares.
Las autoridades han respondido con la movilización de unidades policiales especializadas, que han desmantelado varias de las barricadas y detenido a decenas de manifestantes. El ministro de Educación, en una rueda de prensa, sostuvo que la reforma es necesaria para modernizar el currículo y mejorar la competitividad internacional del país, pero reconoció la necesidad de abrir un canal de diálogo con los sindicatos.
Los sindicatos docentes, encabezados por la Confederación General del Trabajo (CGT), califican la reforma de "una imposición del gobierno que vulnera derechos fundamentales de los estudiantes" y han anunciado una huelga nacional para la próxima semana. Mientras tanto, los padres de familia se encuentran divididos: algunos apoyan la medida por considerarla una mejora, mientras que otros temen que aumente la presión sobre los alumnos.
El episodio se produce en un contexto de creciente tensión social en Francia, donde los últimos meses se han registrado protestas contra la reforma de pensiones y la política migratoria. Analistas políticos advierten que la escalada de la movilización estudiantil podría influir en la agenda electoral de cara a las elecciones municipales de 2027.

