Tras meses de intensos combates y bloqueos, la capital de la región de Tigray, Mekelle, volvió a abrir sus mercados, escuelas y centros de salud el 22 de octubre. Las autoridades locales anunciaron la reanudación de los servicios básicos, aunque advirtieron que la seguridad sigue siendo frágil y que la población continúa enfrentando graves carencias de alimentos y medicinas.
Organizaciones humanitarias internacionales, como OCHA y Médicos Sin Fronteras, han señalado que la situación humanitaria sigue siendo crítica, con más de 1,2 millones de personas desplazadas internamente y un acceso limitado a la ayuda debido a la presencia intermitente de milicias armadas. La reapertura de Mekelle, sin embargo, ha permitido que algunos comerciantes reanuden sus actividades, generando una ligera mejoría en la economía local.
A pesar de la aparente normalidad, los analistas advierten que la zona sigue siendo vulnerable a una posible escalada del conflicto, ya que las tensiones entre el gobierno federal etíope y las fuerzas de Tigray no se han resuelto. La comunidad internacional mantiene la presión para que se inicie un proceso de diálogo inclusivo que garantice la paz duradera y el retorno seguro de los desplazados.
El futuro de Mekelle dependerá de la capacidad de las partes involucradas para mantener el cese de hostilidades y de la efectividad de la asistencia humanitaria. Mientras tanto, la población local se enfrenta a la incertidumbre de vivir bajo la sombra de un conflicto que, aunque momentáneamente contenido, podría reactivarse en cualquier momento.