Un informe de DW English identifica ocho factores que, de combinarse, podrían desencadenar una nueva guerra entre Estados Unidos e Irán. Entre ellos se encuentran la influencia de la retórica de Donald Trump, la incertidumbre política derivada de los comicios de medio término en EE UU y la presión de Irán para expandir su programa nuclear.
El primer factor es la posible reactivación de la política exterior agresiva de Trump, quien ha insinuado la posibilidad de “destruir” a Irán si regresa al poder. Este discurso podría influir en la agenda de los candidatos republicanos en las elecciones, generando una mayor presión sobre la administración para adoptar una postura más dura.
En segundo lugar, la coyuntura de las elecciones de medio término abre una ventana para la diplomacia, ya que los candidatos demócratas podrían buscar una solución negociada para ganar apoyo entre los votantes moderados. Sin embargo, la falta de consenso interno en EE UU y la fragmentación del Congreso podrían dificultar cualquier avance significativo.
Otros factores incluyen la creciente actividad de grupos proxy iraníes en el Líbano y Yemen, la vulnerabilidad de los oleoductos del Golfo a ataques, la presión de aliados regionales como Arabia Saudita y la percepción de Irán de que sus intereses estratégicos están amenazados por la presencia militar estadounidense en la zona.
En conjunto, estos elementos crean un escenario de alta volatilidad donde cualquier desencadenante menor podría escalar rápidamente a un conflicto abierto, con graves consecuencias para la estabilidad del Oriente Medio y los mercados energéticos mundiales.