En la capital, Pristina, cientos de manifestantes se congregaron frente al edificio del parlamento exigiendo la renuncia de los líderes que apoyaron la sentencia contra excombatientes del movimiento de independencia. Las protestas, que comenzaron el lunes, se intensificaron tras la publicación de los veredictos, que condenan a varios exlíderes rebeldes por crímenes de guerra y corrupción.
El bloqueo institucional se produce en un momento crítico para Kosovo, cuyo gobierno de coalición se ha visto incapaz de aprobar reformas clave y de avanzar en el diálogo con Serbia. La falta de consenso ha llevado a los partidos de oposición a solicitar la disolución del parlamento y la convocatoria de elecciones anticipadas, una medida que podría redefinir el panorama político del país.
Los analistas de la región advierten que la inestabilidad interna podría reactivar tensiones étnicas y complicar los esfuerzos de integración europea. Kosovo depende de la ayuda y el reconocimiento internacional, y cualquier retroceso podría afectar sus aspiraciones de adhesión a la UE y su estabilidad económica.
Mientras tanto, la comunidad internacional, incluida la Unión Europea y Estados Unidos, ha instado a los actores locales a mantener la calma y buscar una solución política mediante el diálogo, evitando que la crisis se convierta en un conflicto abierto.
