El 8 de octubre de 2026 miles de estudiantes de distintas regiones de Francia se congregaron frente a sus instituciones para denunciar la cruda realidad de aulas sobrecargadas, la falta de profesores y el deterioro de la infraestructura escolar. Las protestas, que incluyeron bloqueos de entradas y consignas en redes sociales, se extendieron desde París hasta Lille y Lyon, evidenciando un descontento generalizado que trasciende a los movimientos sindicales tradicionales.
Los manifestantes señalaron que la sobrepoblación de las aulas supera el 30 % de la capacidad prevista, mientras que la escasez de docentes alcanza niveles históricos, con vacantes que superan los 8 000 puestos a nivel nacional. Además, varios edificios escolares fueron catalogados como “en riesgo estructural”, lo que ha obligado a cerrar o trasladar a cientos de alumnos a instalaciones temporales.
En respuesta, el Primer Ministro Sebastien Lecornu, en una transmisión televisiva, anunció un plan de inversión de 4 mil millones de euros destinado a la renovación de infraestructuras, la contratación de 5 000 nuevos docentes y la reducción del número de alumnos por aula en un 10 %. El gobierno también prometió la creación de un fondo de emergencia para reparaciones urgentes y la puesta en marcha de un programa de incentivos salariales para atraer a profesionales a zonas desfavorecidas.
A pesar de las medidas anunciadas, los sindicatos de docentes y los representantes estudiantiles calificaron la respuesta como “insuficiente” y advirtieron que, de no profundizarse las reformas, las protestas podrían intensificarse y afectar la agenda política nacional, especialmente en el contexto de las próximas elecciones municipales de 2027.




