El senador estadounidense Marco Rubio, miembro del Comité de Relaciones Exteriores, se reunió este lunes con funcionarios del gobierno libanés y les instó a confiscar todas las armas que se encuentran en manos de Hezbollah. La petición se realizó en el marco de una visita oficial a Beirut, donde Rubio subrayó que la posesión de arsenales privados por parte de grupos armados vulnera la soberanía del Estado.
El presidente libanés, Michel Aoun, reiteró su compromiso de llevar todas las armas bajo control estatal, pero advirtió que la tarea es compleja debido a la profunda integración de Hezbollah en la vida política y militar del país. Aún así, la declaración de Rubio marca un nuevo punto de presión diplomática de Washington sobre el conflicto interno libanés.
Expertos en seguridad regional consideran que una confiscación efectiva requeriría la cooperación de las fuerzas armadas libanesas y el apoyo de la comunidad internacional, particularmente de la ONU, que mantiene una misión de paz en el sur del país. La falta de acción podría traducirse en un mayor empoderamiento de Hezbollah, que ya controla vastas áreas del sur y mantiene una capacidad militar comparable a la de un ejército regular.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con cautela, pues cualquier escalada podría desestabilizar aún más una economía ya frágil y reavivar tensiones sectarias en la región. La iniciativa de Rubio, aunque simbólica, podría sentar precedentes para futuras sanciones o asistencia militar condicionada a la desmilitarización de grupos no estatales.


