En el discurso conmemorativo del Día Nacional de Taiwán, el presidente Lai Ching‑te declaró que el gobierno destinará 34.500 millones de dólares estadounidenses al gasto de defensa durante el próximo año fiscal. La medida, presentada como una forma de “disuadir la guerra”, responde a la intensificación de las maniobras militares chinas alrededor de la isla y a la creciente presión diplomática de Pekín.
El presupuesto incluye la adquisición de sistemas de defensa aérea de última generación, la modernización de la flota de submarinos y la ampliación de la capacidad de ciberseguridad. Además, se prevé un aumento del 12 % en la contratación de personal militar y la creación de unidades especializadas en guerra híbrida.
Estados Unidos ha reiterado su apoyo a Taiwán, anunciando la venta de equipos de defensa avanzados y la realización de ejercicios conjuntos en el mar de China Oriental. Sin embargo, la República Popular de China ha calificado la medida como una “provocación” y ha prometido reforzar su postura de “una sola China”.
Analistas de seguridad advierten que el incremento del gasto podría desencadenar una nueva fase de la carrera armamentista en la región, con repercusiones en los mercados de defensa y en la estabilidad del Indo‑Pacífico. La comunidad internacional sigue observando de cerca la evolución de las relaciones cruzadas entre Taiwán, Estados Unidos y China.

