El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el 29 de septiembre de 2026 que su administración no considerará ninguna iniciativa conjunta con China para el desarrollo de inteligencia artificial. En una rueda de prensa en la Casa Blanca, Trump afirmó que "no hay espacio para la cooperación cuando los intereses estratégicos están en juego" y que EE. UU. seguirá impulsando su propio ecosistema de IA.
Esta postura se produce en medio de crecientes llamados de la comunidad internacional para establecer marcos regulatorios que limiten los riesgos de la IA, especialmente en áreas militares y de vigilancia. Sin embargo, la administración Trump ha reiterado su escepticismo respecto a cualquier acuerdo que pueda percibirse como una concesión a Pekín.
La negativa también tiene repercusiones económicas: empresas estadounidenses que buscaban acceso al vasto mercado chino podrían enfrentar mayores barreras, mientras que las compañías chinas podrían buscar alianzas con otras potencias. Analistas advierten que la falta de cooperación bilateral podría fragmentar aún más el desarrollo de normas internacionales sobre IA.
En el plano geopolítico, la decisión refuerza la percepción de una nueva fase de confrontación tecnológica entre las dos mayores economías del mundo, con posibles efectos colaterales en la seguridad cibernética, la carrera armamentista en IA y la influencia de ambas potencias en organismos multilaterales.
