El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenskyy, declaró el 17 de octubre que el gobierno ruso está intentando provocar apagones masivos de electricidad y calefacción en territorio ucraniano a medida que se acerca el invierno. Según Zelenskyy, la estrategia rusa busca debilitar la moral civil y crear una crisis humanitaria que complique la defensa del país.
Esta afirmación se produce en medio de intensos combates en la zona del Donbás y en la región de Kharkiv, donde las infraestructuras energéticas han sido objetivo frecuente de ataques con misiles y drones. La posible interrupción del suministro eléctrico afectaría a millones de residentes, especialmente a los más vulnerables, y complicaría la operación de hospitales y servicios esenciales.
La comunidad internacional ha respondido con declaraciones de apoyo, y varios países han anunciado el envío de generadores portátiles y equipos de calefacción para mitigar el impacto de posibles apagones. Organizaciones humanitarias también han pedido acceso sin restricciones para distribuir ayuda energética.
Si bien Rusia niega deliberadamente buscar un blackout, la acusación de Zelenskyy subraya la creciente utilización de tácticas de guerra híbrida que combinan ataques militares con medidas destinadas a socavar la resiliencia civil, una práctica que ha sido observada en conflictos anteriores.

