El pasado 23 de septiembre de 2026, siete grupos armados de distintas regiones de Etiopía anunciaron la formación de una alianza con el objetivo explícito de derrocar al gobierno central. La ofensiva se inició simultáneamente en los estados de Tigray, Oromia y Amhara, donde los combatientes atacaron puestos militares y carreteras estratégicas.
Las autoridades etíopes describieron el movimiento como una amenaza existencial para la unidad del país y solicitaron apoyo a la comunidad internacional para evitar una escalada que podría arrastrar a la población civil a un conflicto de mayor magnitud. Mientras tanto, los líderes de la alianza acusaron al gobierno de represión y de bloquear la llegada de ayuda humanitaria a zonas vulnerables.
Organizaciones no gubernamentales advirtieron que la intensificación de los combates dificultará la entrega de alimentos y medicinas, incrementando la vulnerabilidad de más de dos millones de personas que ya viven en condiciones de inseguridad alimentaria. La ONU ha pedido una pausa inmediata para permitir la evacuación de civiles y la reanudación de los corredores humanitarios.
El desarrollo de esta nueva fase del conflicto se produce en un contexto de creciente presión internacional sobre el gobierno etíope, que enfrenta acusaciones de violaciones de derechos humanos y de uso excesivo de la fuerza en regiones rebeldes. La comunidad regional de África Oriental ha convocado una reunión de emergencia para discutir posibles mediaciones.
