En una visita inédita a los cuarteles subterráneos de la zona de Oleshky, periodistas del New York Times acompañaron a los comandantes ucranianos que describieron la Operación Vivaldi, una serie de contra‑ataques coordinados que, en los últimos diez días, han permitido recuperar aproximadamente 30 km² de territorio previamente bajo control ruso.
Los oficiales explicaron que la ofensiva se basó en el uso intensivo de drones de reconocimiento y artillería de precisión, apoyados por unidades de infantería entrenadas en combate urbano. La planificación, mantenida en secreto durante meses, se centró en debilitar las líneas de suministro rusas y crear corredores de evacuación para la población civil atrapada.
Paralelamente, la breve tregua humanitaria acordada la semana pasada en Oleshky, aunque destinada a facilitar la entrega de ayuda, no ha detenido los bombardeos contra zonas residenciales, según informó el Atlantic Council. Las organizaciones de derechos humanos denuncian al menos 12 víctimas civiles en los últimos tres días, lo que pone en duda la efectividad del alto el fuego.
El éxito parcial de Vivaldi podría obligar a Moscú a reconsiderar su estrategia en el sur, mientras que Kiev busca capitalizar la victoria para reforzar su posición en las próximas negociaciones de paz con Estados Unidos y la OTAN. La comunidad internacional observa con cautela, pues cualquier escalada podría afectar la estabilidad energética de Europa.
