Las intensas lluvias que azotaron la Franja de Gaza el pasado fin de semana han inundado zonas ya devastadas por los bombardeos israelíes, generando un riesgo inminente de colapso en varios edificios residenciales. Las estructuras, previamente debilitadas por explosiones, ahora presentan grietas y cimientos erosionados, lo que ha obligado a organizaciones humanitarias a evacuar a cientos de familias que temen que los edificios se derrumben.
Según informes de la Cruz Roja y de ONGs locales, al menos diez edificios presentan signos de inestabilidad crítica, y se han activado equipos de rescate para reforzar los cimientos y trasladar a los residentes a refugios temporales. Las autoridades de salud han advertido sobre el aumento de enfermedades transmitidas por el agua estancada, mientras la población enfrenta escasez de alimentos y medicinas.
El conflicto entre Israel y Hamas, que se intensificó en los últimos meses, ha dejado a Gaza sin infraestructura básica, y la reciente lluvia ha exacerbado una crisis ya de por sí grave. Los expertos en ingeniería estructural señalan que la combinación de daños por explosiones y la saturación del suelo aumenta exponencialmente la probabilidad de colapsos súbitos.
A nivel internacional, la situación ha reavivado los llamamientos a un alto el fuego y a la apertura de corredores humanitarios para permitir la entrega de ayuda. La comunidad internacional observa con creciente preocupación la posibilidad de una catástrofe humanitaria mayor si los edificios colapsan antes de que se garantice la evacuación completa.