El 7 de noviembre de 2026, la Fuerza Aérea rusa ejecutó una serie de misiles de corto alcance contra zonas residenciales de Kyiv, dejando dos civiles heridos y provocando daños en varios edificios de varios pisos. Las autoridades locales reportaron que los proyectiles impactaron cerca del distrito de Obolonsky, una zona densamente poblada, y que los servicios de emergencia fueron movilizados rápidamente para atender a los heridos.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, emitió un comunicado condenando el ataque y advirtiendo que la agresión podría escalar si Moscú no detiene sus operaciones ofensivas. Zelenski solicitó a la comunidad internacional que refuerce las sanciones contra Rusia y que proporcione mayor apoyo defensivo a Ucrania.
Reacciones de la OTAN y de la Unión Europea fueron inmediatas: los portavoces calificaron el bombardeo como una violación del derecho internacional humanitario y reiteraron su compromiso de seguir suministrando armas defensivas a Kyiv. Por su parte, el gobierno ruso justificó la acción como una respuesta a supuestas actividades de inteligencia ucraniana en territorio ruso.
El incidente reaviva el debate sobre la posible ampliación de la ayuda militar occidental y plantea interrogantes sobre la capacidad de Moscú para sostener una campaña de bombardeos prolongada sin provocar una respuesta más enérgica de la alianza atlántica.