Las autoridades ucranianas confirmaron que al menos nueve bombas aéreas de 3.000 kg impactaron sobre un centro de asistencia humanitaria ubicado en una localidad del sur de la región de Járkov, provocando la muerte de 26 personas y dejando a decenas de heridos. Testigos locales describieron una explosión seguida de una columna de humo que se elevó sobre el edificio, mientras los equipos de rescate luchaban contra los escombros bajo una lluvia de metralla.
El presidente ucraniano denunció el ataque como una prueba más de que Rusia no busca la desescalada y acusó a Moscú de violar flagrantemente el derecho internacional humanitario. En respuesta, varios gobiernos europeos y Estados Unidos anunciaron nuevas sanciones contra entidades vinculadas al sector militar ruso, mientras la ONU pidió una investigación independiente.
Organizaciones de ayuda humanitaria, entre ellas la Cruz Roja, alertaron sobre la vulnerabilidad de los centros de asistencia en zonas de conflicto y solicitaron la creación de corredores seguros para la entrega de alimentos y medicinas. El bombardeo ha obligado a reubicar a cientos de desplazados internos que dependían de los servicios del centro afectado.
El incidente ocurre en un momento en que las conversaciones de paz, mediadas por la ONU y la OSCE, se encuentran estancadas. Analistas advierten que la escalada de ataques a infraestructura civil podría endurecer la postura de Kiev y reducir la disposición de Moscú a negociar, incrementando el riesgo de una mayor violencia en la región.

