La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que la violencia renovada en el norte de Etiopía, particularmente en la región de Tigray, está llevando al sistema de salud local al borde del colapso. Los combates entre las fuerzas del gobierno de Addis Abeba y los rebeldes tigrayanos han destruido hospitales, interrumpido el suministro de medicamentos y desplazado a profesionales de la salud.
Según la OMS, más de 200 instalaciones médicas han sido dañadas o cerradas, dejando a una población de aproximadamente 5 millones de personas sin acceso a atención básica. La escasez de insumos críticos, como antibióticos y vacunas, agrava la situación, incrementando el riesgo de brotes epidémicos.
El conflicto, que se inició en 2020, ha generado una crisis humanitaria de gran escala, con millones de desplazados internos y refugiados. La comunidad internacional ha llamado a un alto el fuego inmediato y a la creación de corredores humanitarios seguros para permitir la llegada de ayuda médica.
Expertos en salud pública señalan que la falta de un sistema de salud funcional no solo afecta a la población civil, sino que también prolonga el conflicto al debilitar la capacidad del Estado para responder a emergencias y mantener la estabilidad social.
