La Asamblea General de la ONU aprobó la conclusión de la misión MINURSO el 1 de noviembre de 2026, poniendo fin a una presencia que se había mantenido desde el alto el fuego de 1991 entre Marruecos y el Frente Polisario. La decisión se basa en la evaluación de que la misión ya no cumple con sus objetivos originales, aunque la comunidad internacional advierte que la zona sigue siendo altamente volátil.
En ausencia de observadores internacionales, los informes de la Oficina de Alto Comisionado para los Derechos Humanos indican un aumento de incidentes fronterizos y de enfrentamientos esporádicos entre las fuerzas marroquíes y los combatientes del Frente Polisario. Las comunidades saharauis, que dependen de la ayuda humanitaria, temen una escalada que podría desencadenar una crisis de refugiados.
El gobierno marroquí ha reiterado su intención de consolidar el control sobre la mayor parte del territorio, mientras que el Frente Polisario ha llamado a la comunidad internacional a mantener una presencia de observación para evitar una nueva ola de violencia. La falta de una fuerza de paz deja a ambas partes sin un mecanismo neutral de verificación.
Expertos en seguridad regional señalan que la retirada de MINURSO podría abrir la puerta a la intervención de actores externos, incluidos algunos estados del Magreb y potencias europeas con intereses estratégicos en los recursos minerales del Sáhara Occidental. La situación exige una diplomacia intensiva para evitar que el conflicto se convierta en un foco de inestabilidad más amplio en el norte de África.

