El 1 de noviembre de 2026, los ciudadanos de Bulgaria acudieron a las urnas para la segunda ronda de la elección presidencial, una contienda que se ha visto marcada por la creciente tensión en el Mar Negro. Los dos candidatos principales, el actual presidente Rumen Radev y el candidato opositor de centro-derecha, presentaron plataformas que difieren en política exterior y gestión económica.
La campaña estuvo dominada por la preocupación por los ataques a buques mercantes en el Mar Negro, atribuidos a actores estatales y no estatales que buscan ejercer presión sobre la ruta energética que atraviesa la región. Bulgaria, miembro de la OTAN, ha solicitado reforzar la presencia naval aliada para garantizar la seguridad del tránsito de gas y petróleo.
Los resultados de la segunda vuelta podrían influir en la postura de Bulgaria respecto a la alianza atlántica y su participación en iniciativas de energía diversificada. Un presidente pro‑OTAN podría favorecer la ampliación de la infraestructura de gasoductos, mientras que un líder más conciliador con Rusia podría buscar acuerdos de menor confrontación.
Los observadores internacionales, incluidos representantes de la UE y la OSCE, han destacado la importancia de un proceso electoral transparente y libre de interferencias externas, subrayando que la estabilidad política de Bulgaria es clave para la seguridad del sudeste europeo.
