Los profesionales de la salud en la Franja de Gaza se encuentran bajo una presión sin precedentes tras los intensos combates que han devastado la zona. Médicos y enfermeras describen jornadas de trabajo de hasta 16 horas, atendiendo a víctimas de bombardeos, mientras lidian con la pérdida de colegas y familiares.
Al Jazeera reporta que el personal sanitario ha atendido a más de 10.000 pacientes críticos en las últimas semanas, muchos de ellos con lesiones graves y traumas psicológicos. La falta de suministros médicos, combinada con la escasez de energía eléctrica, obliga a improvisar tratamientos y a reutilizar equipos en condiciones subóptimas.
El trauma acumulado ha generado altos índices de depresión y trastorno de estrés postraumático entre los trabajadores de la salud. Organizaciones internacionales de salud han pedido acceso humanitario inmediato y la creación de corredores seguros para la entrega de medicamentos y equipos.
A medida que la guerra se prolonga, la capacidad del sistema sanitario de Gaza se deteriora, lo que podría traducirse en un aumento de la mortalidad por causas evitables y en una crisis humanitaria de mayor magnitud.
