Los principales índices bursátiles de Europa se desplomaron el viernes 5 de noviembre de 2026 tras la publicación de los resultados de las elecciones intermedias en Estados Unidos. El FTSE 100 perdió un 2,3 % y el DAX alemán retrocedió un 2,1 %, mientras que los valores vinculados a la inteligencia artificial sufrieron fuertes descensos por la incertidumbre regulatoria que se avecina en Washington.
En el contexto de esta turbulencia, el Consejo Atlántico publicó un análisis que advierte sobre la vulnerabilidad de los activos tecnológicos ante posibles restricciones de datos y de expansión de centros de datos estadounidenses. Los analistas señalan que la volatilidad podría extenderse a los mercados asiáticos, donde los inversores ya están revaluando sus posiciones en compañías de IA.
Paralelamente, la prensa israelí informó que los líderes de Tel Aviv, incluido el primer ministro Benjamin Netanyahu, están evaluando la necesidad de ajustar la política de seguridad y cooperación con EE. UU. tras la victoria de los demócratas, que podrían impulsar una postura más dura respecto a Irán y a los asentamientos en Cisjordania.
En Estados Unidos, el expresidente Donald Trump, que había aceptado previamente los resultados, lanzó un comunicado calificando las elecciones de "crooked" y exigió que los votos del estado de Alaska fueran contabilizados a favor del candidato republicano. Esta declaración alimenta la polarización interna y plantea dudas sobre la estabilidad política en el corto plazo.
La confluencia de la caída de los mercados, la reacción de líderes israelíes y la polémica de Trump subraya cómo un proceso electoral interno en EE. UU. puede desencadenar ondas de choque en la economía y la diplomacia global, poniendo de relieve la interdependencia de los sistemas políticos y financieros contemporáneos.


