A 40 años del desastre nuclear de Chernóbil, las estructuras abandonadas de Prípiat y el sarcófago que cubre el reactor destruido continúan siendo un recordatorio visible de la tragedia, según reportajes de BBC Mundo y DW Español. La zona de exclusión, que abarca un radio de 30 kilómetros alrededor de la planta, se ha convertido en un laboratorio natural donde la radiación alteró ecosistemas completos. Mientras las autoridades ucranianas mantienen el control militar de la área, los científicos aprovechan el acceso limitado para estudiar los efectos de la radiación a largo plazo en la flora, fauna y población humana. La catástrofe, calificada en su momento como 'imposible' por funcionarios soviéticos, expuso la vulnerabilidad de las infraestructuras nucleares ante errores humanos y fallos técnicos.
