Los combates surgieron en la zona de Moyale, en la frontera norte de Kenia, donde milicias locales y fuerzas de seguridad etíopes se disputan parcelas de tierra y fuentes de agua. Según testigos, los intercambios de disparos comenzaron al amanecer del 28 de octubre y se prolongaron durante varias horas, dejando al menos diez muertos y decenas de heridos.
El desplazamiento forzado ha obligado a más de 5.000 residentes a buscar refugio en campamentos improvisados en la ciudad keniana de Moyale, donde la escasez de alimentos y agua potable se ha vuelto crítica. Organizaciones no gubernamentales como la Cruz Roja y Oxfam han activado protocolos de emergencia, pero la inseguridad impide el acceso pleno de los equipos de ayuda.
Los gobiernos de Etiopía y Kenia han intercambiado acusaciones diplomáticas; Nairobi culpa a Addis Abeba de apoyar a grupos armados locales, mientras que Addis Abeba denuncia la falta de cooperación keniana en la delimitación del límite. Ambos países anunciaron la apertura de una mesa de diálogo bajo la mediación de la Unión Africana, aunque los contactos preliminares aún no han producido acuerdos concretos.
El escenario plantea riesgos de escalada que podrían afectar la estabilidad de la región del Cuerno de África, donde ya confluyen tensiones por recursos hídricos y desplazamientos masivos. La comunidad internacional observa con cautela, pues cualquier ampliación del conflicto podría desviar recursos de otras crisis humanitarias en Sudán y Somalia.
