Durante el fin de semana del 31 de octubre de 2026, cuatro aviones militares aterrizaron en el aeropuerto de Gomel, en Bielorrusia, con cientos de residentes de Oleshky, una ciudad del sur de Ucrania ocupada por fuerzas rusas desde 2022. Los evacuados fueron trasladados a puntos de cruce fronterizo para continuar su ruta hacia territorio controlado por Kiev.
Las autoridades bielorrusas, en coordinación con la ONU y la Cruz Roja, organizaron la recepción temporal de los desplazados, proporcionando alimentos, agua y asistencia médica básica. Sin embargo, la llegada masiva de civiles ha generado tensiones diplomáticas, ya que Rusia acusa a Minsk de facilitar la fuga de personas que podrían considerarse "prisioneros de guerra".
Ucrania ha agradecido la ayuda humanitaria pero ha reiterado su demanda de que Bielorrusia permita el paso libre y seguro de los refugiados hacia zonas bajo su control. La situación también ha reavivado el debate sobre la posición de Bielorrusia en el conflicto, que ha apoyado militarmente a Moscú desde el inicio de la invasión.
El desplazamiento masivo subraya la continuidad de la crisis humanitaria en el este de Europa y la necesidad de respuestas coordinadas de la comunidad internacional para evitar una mayor escalada del sufrimiento civil.
