Un grupo de trabajadores que realizaba labores de excavación en el norte de Sri Lanka se topó inesperadamente con una fosa común que contenía los restos de 572 personas. El hallazgo, anunciado por las autoridades locales, representa la mayor masa de restos humanos descubierta en el país desde el fin de la guerra civil en 2009.
Los restos fueron encontrados en una zona que había sido escenario de intensos combates entre el ejército singalés y los Tigres de Liberación de Tamil Eelam (LTTE). Expertos forenses y representantes de organizaciones de derechos humanos fueron convocados para identificar a las víctimas y documentar posibles crímenes de guerra.
El descubrimiento reabre viejas heridas en una sociedad que aún lucha por la reconciliación y la justicia. Grupos de víctimas han exigido que el gobierno establezca una comisión independiente para investigar la fosa y garantizar que los familiares reciban información y dignidad.
Mientras tanto, el gobierno ha prometido apoyar la investigación y ofrecer recursos para la exhumación cuidadosa, aunque críticos advierten que la falta de voluntad política podría obstaculizar la rendición de cuentas.