La capital sudanesa, Jartum, ha sido una de las primeras áreas golpeadas por la guerra que estalló entre los ejércitos federales y los grupos rebeldes en 2023. Después de dos años de intenso combate, los combates se han reducido, lo que ha permitido que cientos de miles de desplazados internos empiecen a regresar a la ciudad en busca de vivienda y empleo. Sin embargo, los barrios más afectados siguen cubiertos de escombros y carecen de agua potable, electricidad y servicios de salud adecuados.
Organizaciones humanitarias de la ONU y ONG locales advierten que la llegada repentina de más de 200.000 personas supera la capacidad de los albergues temporales y de los centros de distribución de alimentos. La escasez de recursos ha generado tensiones entre los residentes que permanecieron en la ciudad y los recién llegados, incrementando el riesgo de conflictos sociales. Además, la falta de una autoridad central consolidada dificulta la coordinación de la ayuda y la seguridad en los barrios más vulnerables.
El gobierno de transición, apoyado por la Comisión de Ayuda Humanitaria de la ONU, ha anunciado un plan de reconstrucción que incluye la reparación de infraestructuras críticas y la creación de programas de empleo temporal para los retornados. No obstante, la persistente presencia de milicias armadas en los alrededores de Jartum plantea un desafío para garantizar la seguridad de los desplazados y evitar un nuevo brote de violencia.
Los analistas internacionales señalan que el retorno masivo de desplazados podría influir en las negociaciones de paz en curso, pues la presión sobre los recursos urbanos podría forzar a las partes en conflicto a acelerar un acuerdo político. Mientras tanto, la comunidad internacional sigue monitoreando la situación para decidir sobre futuros desembolsos de ayuda y posibles sanciones en caso de violaciones de derechos humanos.

