La política exterior de Estados Unidos bajo la administración Trump muestra una contradicción entre su poderío militar y su capacidad de liderazgo global. El bloqueo naval a las exportaciones de petróleo iraní y la amenaza de minar el Estrecho de Ormuz, aunque efectivas desde el punto de vista militar, han generado un rechazo significativo en la comunidad internacional. Los aliados tradicionales cuestionan la estrategia de presión máxima, mientras que países como China y Rusia aprovechan la situación para expandir su influencia. Este enfoque, que prioriza la presión sobre el diálogo, debilita la posición estadounidense en foros multilaterales y acelera la fragmentación del orden internacional.


