El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el viernes 9 de octubre de 2026 la firma de un acuerdo con la Federación Rusa para la entrega inmediata de más de 300.000 toneladas de diésel, con la posibilidad de ampliar el suministro a 1,5 millones de toneladas en los próximos meses. La medida responde al fuerte repunte de los precios del combustible en EE.UU., que se han duplicado desde el inicio del conflicto en Ucrania y la posterior crisis energética mundial.
Según los comunicados oficiales, el diésel ruso será transportado a puertos estadounidenses bajo supervisión de la Administración de Seguridad del Transporte, garantizando que el producto cumpla con los estándares de calidad estadounidenses. El acuerdo incluye cláusulas de precios fijos durante los primeros seis meses, lo que permitiría a las compañías de energía y a los consumidores estadounidenses acceder a un combustible más barato.
El anuncio ha sido recibido con recelo por parte de varios gobiernos aliados, entre ellos la Unión Europea y el Reino Unido, que advierten que la medida podría prolongar la guerra al proporcionar recursos financieros a Moscú. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, calificó el acuerdo como un "regalo a Putin" que socava los esfuerzos internacionales para aislar a Rusia.
En Washington, la medida ha generado un intenso debate interno. Mientras algunos legisladores la consideran una solución pragmática a la crisis del combustible, otros la ven como una traición a la política de sanciones contra Rusia. El Departamento de Energía de EE.UU. evaluará el impacto del acuerdo en los mercados internos y en la seguridad energética a largo plazo.


