El expresidente Donald Trump anunció un plan para importar diésel procedente de Rusia, a pesar de las sanciones impuestas por la Unión Europea y Estados Unidos tras la invasión de Ucrania. La iniciativa, presentada en una conferencia de prensa en Washington el 13 de octubre de 2026, busca reducir los costos energéticos internos de EE. UU. pero implica comprar combustible a un país sancionado.
Europa reaccionó de forma inmediata. Varios ministros de finanzas de la UE calificaron la propuesta como una "violación flagrante" de las políticas de sanciones y advirtieron que podría erosionar la unidad del bloque frente a Moscú. Además, la medida pone en riesgo la percepción de que los aliados occidentales están comprometidos con la financiación del ejército ucraniano.
En el Congreso, los legisladores republicanos y demócratas expresaron su desacuerdo. Mientras algunos apoyan la reducción de precios para los consumidores estadounidenses, otros temen que la compra de diésel ruso legitime la economía del Kremlin y socave los esfuerzos diplomáticos para aislar a Rusia.
El plan de Trump también ha despertado el interés de los mercados energéticos. Analistas de Bloomberg advierten que una mayor demanda de diésel ruso podría elevar los precios internacionales del crudo y generar incertidumbre en los contratos de suministro de gas natural licuado (GNL) en Europa.

