El gobierno cubano anunció la puesta en marcha de un ambicioso programa de energía renovable que incluye la instalación de parques solares y turbinas eólicas en varias provincias. El objetivo es cubrir el 30 % de la demanda eléctrica nacional con fuentes limpias para 2030.
El ministro de Energía, Carlos Fernández, rechazó cualquier relación entre el proyecto y los envíos de combustible que, según informes estadounidenses, fueron interceptados en alta mar. "Nuestro plan es independiente y responde a la necesidad de garantizar la soberanía energética de la isla", afirmó en una conferencia de prensa en La Habana.
A pesar de los avances, el bloqueo petrolero impuesto por EE. UU. dificulta la importación de componentes críticos para la generación eólica y solar, como inversores y turbinas. Las sanciones también limitan el acceso a financiamiento internacional, obligando a Cuba a buscar socios en países no alineados con la política estadounidense.
Los analistas consideran que, si bien el programa renovable puede mejorar la resiliencia del sistema eléctrico cubano, la presión externa podría retrasar su ejecución y generar tensiones en la balanza comercial del país, que depende en gran medida de las importaciones de energía.

