El estrecho de Hormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo, ha sido escenario de una escalada sin precedentes de ataques contra buques mercantes desde principios de octubre de 2026. Según fuentes iraníes, la vigilancia naval se ha reforzado con la incorporación de drones y patrullas de alta velocidad para contrarrestar lo que describen como "actos de agresión".
Las compañías navieras reportan que al menos diez embarcaciones han sido objeto de disparos o intentos de sabotaje en los últimos siete días, lo que ha obligado a varios operadores a desviar sus rutas hacia el Cabo de Buena Esperanza, incrementando los costos y los tiempos de tránsito. El precio del crudo Brent subió un 4,5% en el mercado internacional tras los incidentes.
Irán culpa a los Estados Unidos y a sus aliados de financiar y apoyar a grupos armados que operan en la zona, mientras que Washington niega cualquier implicación directa y llama a la comunidad internacional a garantizar la libre circulación del comercio marítimo. La Organización Marítima Internacional ha convocado una reunión de emergencia para evaluar medidas de seguridad.
El impacto económico se extiende más allá del sector energético; los países dependientes del petróleo del Golfo, como India y Japón, han expresado su preocupación por la seguridad del suministro y están considerando alternativas de abastecimiento. La situación sigue siendo volátil y cualquier escalada adicional podría desencadenar una crisis energética global.

