El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que está considerando prohibir la exportación de diésel con el objetivo de reducir los precios internos del combustible. La propuesta, aunque todavía no formalizada, ha sido acompañada por una presión directa a los aliados europeos para que liberen de forma inmediata sus reservas estratégicas de diésel, con el fin de evitar una escasez que repercuta en los mercados mundiales.
En respuesta, la Comisión Europea y varios estados miembros han convocado reuniones de emergencia para evaluar la disponibilidad de sus reservas y la viabilidad de una liberación parcial o total. La Unión Europea mantiene un stock conjunto de aproximadamente 30 millones de barriles de diésel, suficiente para cubrir varios meses de consumo en caso de crisis.
Los analistas energéticos advierten que una prohibición unilateral de exportaciones por parte de EE.UU. podría desencadenar una escalada de precios en Europa, obligando a los gobiernos a buscar fuentes alternativas y a reconsiderar sus políticas de seguridad energética. Además, la medida podría erosionar la confianza en la cooperación transatlántica en materia de energía.
Mientras tanto, los representantes de la industria del transporte y la logística europea solicitan garantías de que cualquier medida sea temporal y coordinada, para evitar interrupciones masivas en la cadena de suministro y en el sector del transporte por carretera.



