Desde su sede de campaña en Tel Aviv, el líder del Likud, Gadi Eisenkot, celebró los resultados preliminares de las elecciones legislativas celebradas el 27 de octubre de 2026, asegurando que su objetivo es formar un gobierno "sionista y estable". Eisenkot subrayó la necesidad de una mayoría clara para enfrentar los desafíos de seguridad y la creciente presión internacional.
El parlamento israelí quedó altamente fragmentado: el Likud obtuvo 30 escaños, mientras que partidos religiosos y de derecha suman otros 20, obligando al nuevo mandatario a negociar pactos de coalición con grupos como Shas y United Torah Judaism. Estas negociaciones podrían incluir concesiones en materia de asentamientos y legislación religiosa.
En el plano regional, la formación de un gobierno con una agenda sionista firme podría endurecer la postura de Israel frente a Irán y los grupos militantes en Gaza, al tiempo que complica los intentos de reactivar el proceso de paz impulsado por la comunidad internacional. Los Estados Unidos y la Unión Europea observarán de cerca los acuerdos de coalición para evaluar su impacto en la estabilidad del Oriente Medio.
Por otro lado, la oposición, encabezada por el partido centrista Yesh Atid, ha advertido sobre los riesgos de una agenda demasiado conservadora que podría aislar a Israel diplomáticamente. El escenario político que se dibuja sugiere una fase de intensas negociaciones internas que determinarán la dirección del país durante los próximos años.


