Las elecciones locales celebradas el 4 de noviembre de 2026 en Sudáfrica se han convertido en un referéndum de facto sobre la gestión del ANC, que lleva gobernando el país desde el fin del apartheid. En ciudades como Johannesburgo y Ciudad del Cabo, los votantes acudieron a las urnas motivados por la frustración ante los frecuentes cortes de energía y la escasez de agua, problemas que los gobiernos locales no han logrado resolver.
Según encuestas citadas por la BBC y Al Jazeera, el ANC podría caer por debajo del 40 % del voto, una caída histórica que lo situaría por debajo del umbral necesario para mantener la mayoría en muchos municipios. El Guardian señala que, en varios distritos, el partido podría obtener menos de un tercio del sufragio, lo que abriría la posibilidad de que coaliciones de partidos de oposición, como el DA y el EFF, tomen el control de los gobiernos locales.
Esta pérdida de apoyo se produce en un contexto de creciente descontento social. Los apagones de carga, la escasez de agua y la inflación han erosionado la confianza en la capacidad del ANC para gestionar los servicios básicos. Los manifestantes, presentes en varias ciudades el día de la votación, exigieron mejoras inmediatas y una renovación del liderazgo del partido.
Los resultados preliminares, aunque aún no oficiales, sugieren que el ANC enfrentará una dura negociación con los partidos de oposición para formar gobiernos municipales. La presión interna podría traducirse en cambios de liderazgo dentro del propio partido, mientras que la comunidad internacional observa con atención la evolución de la democracia sudafricana y su impacto en la estabilidad económica de la región.


