La Alianza Catalana, una formación política de reciente creación, ha experimentado un rápido ascenso en las encuestas regionales, posicionándose como la principal fuerza de la ultraderecha en Cataluña. Su discurso se centra en la defensa de la identidad cultural catalana y, de forma más controvertida, en la denuncia de lo que describen como "influencia musulmana" en la vida pública.
Este mensaje ha resonado en sectores de la población que perciben una pérdida de valores tradicionales y temen la creciente presencia de comunidades musulmanas en la región. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos y partidos de centro‑izquierda alertan de que la retórica anti‑musulmana podría alimentar la xenofobia y la violencia contra minorías.
Con la convocatoria de elecciones generales anticipadas para noviembre, la Alianza Catalana busca capitalizar el descontento y presentarse como una alternativa a los partidos tradicionales. Analistas políticos advierten que, de consolidarse, el partido podría obligar a los grandes bloques a negociar alianzas o a adoptar posturas más conservadoras en temas de inmigración y seguridad.
El Gobierno español ha manifestado su preocupación y ha anunciado que, en caso de que la Alianza Catalana obtenga representación significativa, se abrirá un debate parlamentario sobre la protección de los derechos de las minorías y la prevención de discursos de odio. La situación se mantiene en observación mientras se acercan las urnas.



