En una rueda de prensa celebrada el 21 de octubre de 2026, el presidente de la República, Emmanuel Macron, acusó a varios líderes extranjeros de “explotar” los recientes disturbios que se han registrado en varias ciudades francesas, entre ellas París y Marsella. Entre los nombres citados se encontraban el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, ambos próximos a enfrentar elecciones nacionales.
Macron sostuvo que la retórica y las acciones de estos dirigentes han alimentado la polarización interna y han contribuido a la escalada de la violencia en las calles, dificultando la labor de las fuerzas de seguridad y la cohesión social. El presidente francés enfatizó la necesidad de que la comunidad internacional respete la soberanía de Francia y se abstenga de interferir en sus asuntos internos.
Las declaraciones provocaron una respuesta inmediata de los gobiernos citados. La oficina del primer ministro israelí calificó la acusación de “infundada” y recordó la larga alianza estratégica entre Israel y Francia. Por su parte, la campaña de Donald Trump en Estados Unidos, que se prepara para las elecciones de 2028, desestimó el comentario como parte de una campaña de desinformación.
En el plano interno, los partidos políticos franceses han reaccionado de forma diversa: la izquierda ha respaldado la postura de Macron como defensa de la democracia, mientras que sectores de la derecha han criticado lo que consideran una politización de la seguridad pública. Los analistas advierten que la polémica podría influir en la percepción de los votantes de cara a las próximas elecciones presidenciales y legislativas.
Los disturbios, que comenzaron a finales de septiembre, están vinculados a protestas contra la reforma de pensiones y a la creciente tensión social derivada de la crisis del costo de vida. La situación sigue evolucionando, con la policía desplegando unidades de control de disturbios en varios puntos críticos del país.



