El presidente de la Universidad de Cornell, Michael Kotlikoff, anunció este martes que la institución debe "hacer mejor" su gestión tras las graves acusaciones de una mujer que asegura haber sido drogada y violada por varios miembros de una fraternidad. La denuncia, que ha generado una ola de indignación en la comunidad estudiantil y en la opinión pública, se produce en medio de una creciente presión para que las universidades estadounidenses revisen sus protocolos de seguridad y apoyo a víctimas de violencia sexual.
Según los informes de la BBC y Al Jazeera, la víctima habría sido agredida en una casa de fraternidad el pasado mes de septiembre. La universidad ha suspendido temporalmente a la fraternidad involucrada y ha iniciado una investigación interna, mientras colabora con las autoridades locales para determinar responsabilidades penales. Kotlikoff expresó su profundo pesar y aseguró que se adoptarán medidas de transparencia, incluyendo la publicación de los resultados de la investigación y la revisión de los procedimientos de admisión a organizaciones estudiantiles.
El caso se inscribe en un contexto más amplio de escándalos de agresión sexual en campus universitarios, que ha llevado a movimientos como "Me Too" y a la promulgación de leyes estatales que obligan a las instituciones a reportar y prevenir la violencia de género. La presión de los estudiantes y de organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres ha llevado a varias universidades a revisar sus políticas de fraternidades, algunas de las cuales han sido disueltas o reformadas.
Las repercusiones de este episodio podrían extenderse más allá de Cornell, influyendo en la legislación estatal y federal sobre la gestión de casos de agresión sexual en instituciones de educación superior. Observadores internacionales señalan que la forma en que EE.UU. aborda este problema puede servir de referencia para otras naciones que enfrentan desafíos similares en sus sistemas educativos.

