Durante una transmisión en vivo el sábado, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, responsabilizó a la inmigración del aumento de la violencia en las protestas que se desarrollan en varias ciudades de Francia. Vance, quien ha adoptado una postura dura contra la inmigración irregular, afirmó que la presencia de migrantes ha provocado tensiones sociales que desembocan en actos violentos.
Los manifestantes, que inicialmente protestaban contra medidas económicas y reformas laborales, se vieron envueltos en enfrentamientos con la policía cuando grupos de recién llegados fueron acusados de incitar disturbios. Testigos locales describen escenas de saqueos y enfrentamientos con la fuerza pública, mientras que autoridades francesas intentan contener la situación.
El gobierno de Emmanuel Macron condenó las declaraciones de Vance, calificándolas de “interferencias inadecuadas” en los asuntos internos de Francia. En una rueda de prensa, el ministro del Interior subrayó que la violencia tiene causas multifactoriales, incluyendo la frustración económica y la percepción de exclusión social, y rechazó la simplificación del problema a una cuestión migratoria.
A nivel internacional, la polémica ha generado un debate sobre la influencia de la política migratoria estadounidense en la esfera europea. Analistas advierten que comentarios como los de Vance pueden erosionar la cooperación en temas de seguridad y migración, y complicar los esfuerzos conjuntos para gestionar flujos migratorios y combatir la radicalización.
Mientras tanto, las protestas continúan en ciudades como París, Lyon y Marsella, con la policía reforzando su presencia y aplicando medidas de control de multitudes. La situación sigue siendo volátil y se espera que las autoridades francesas mantengan un estado de alerta elevado durante los próximos días.



